El calentamiento global amenaza el futuro del planeta. Actúa ahora, antes de que sea demasiado tarde.

Update, September 2012:

The appeal below, now signed by 1150 citizens of 47 countries, is as valid today as when we posted it four years ago. In fact, it is more urgent than ever. The “much worse” we feared in our first paragraph is arriving.

We noted in our text of 2008 a warning from the International Energy Agency: that warming beyond an already dangerous 2°C could be unstoppable if CO2 emissions did not level off by 2012. Well, here we are in 2012. Emissions continue to climb; extremely hot weather has decimated the U.S. grain crop; earth scientists predict a century of drought; wildfires, similar to those in California and Greece a few years ago, have devastated large swathes of the American West; and torrential rains have caused flooding, death and evacuations from Southern Russia to heavily populated mega-cities of East Asia: Beijing, Shanghai and Manila. The end-of-summer Arctic sea ice melt was so extensive this year that scientists anticipate the melting of all Arctic sea ice by the summer of 2020 instead of in 2050, as predicted in the worst case scenario of the UN IPCC report of 2007.

Climate skepticism fed by big oil and coal interests is crumbling in the extreme weather, amid the increasing scientific certainty that climate change is behind it. But one climate summit after another fails to produce an international treaty to mitigate future damage.

Although we are a small organization, we can be a significant force for climate sanity. From our base in the Netherlands, we have outreach through our signatories to activists and committed Green parliamentarians in several countries as well as in the European Parliament.

Apart from maintaining a useful file of climate news, opinion and documents, our aim is to work together with global climate lobbies and citizen organizations such as the Climate Action Network, Greenpeace, Friends of the Earth, WWF, 350.org and Avaaz, to alert the citizenry and move the governments to action.

Sign our Appeal, ask your friends to sign, and help us create a safe planet for future generations.


El hielo del océano Ártico se derrite igual que la plataforma glacial de Groenlandia. California arde en llamas igual que los bosques de Grecia. Los pobres de Mozambique y Bangladesh se ahogan igual que los de Nueva Orleáns. Los campesinos de África Central, cuyos campos padecen el implacable avance del desierto, se ven expuestos al hambre, el exilio y la guerra. Pero puede que lo peor esté por llegar. Los científicos advierten que 2012 podría ser la fecha límite para dar la vuelta al constante aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero y evitar así que la temperatura del planeta aumente más de dos grados centígrados y las consecuencias catastróficas que eso implicaría en todo el mundo. Sin embargo, en diciembre de 2007, mientras se seguían destruyendo las selvas de Sumatra y el Amazonas –los pulmones de la Tierra–, se reunían en Bali representantes de más de 180 países sin ningún resultado sobre los pasos que se deberían seguir después de 2012. Un mes después, los planes de la Unión Europea para limitar los daños quedaron diluidos por la intensa acción de los grupos de los grupos de pressión industriales, temerosos de la pérdida de competitividad internacional.

Nos encontramos en el umbral de una catástrofe; una catástrofe que ya ha empezado, que se está acelerando y que cada vez adquiere mayores dimensiones. ¿Qué se puede hacer para evitarla?

Queda poco tiempo para evitar una catástrofe

Hace décadas que sabemos que es necesario reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, responsables del calentamiento global. Pero los llamamientos, los protocolos y los instrumentos comerciales dirigidos a industrias, gobiernos e individuos se han revelado en gran medida infructuosos. Según el “escenario de referencia” de la Agencia Internacional de Energía (AIE) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), las emisiones de dióxido de carbono aumentarán un 57% desde ahora hasta 2030. Incluso según el “escenario alternativo” más optimista de este organismo, basado en el buen despliegue de todos los planes conocidos para frenar las emisiones y el consumo de energía, las emisiones de dióxido de carbono, que alcanzarían su máximo histórico en 2015, habrán aumentado en 2030 un 27% en comparación con 2005. La temperatura del planeta se incrementaría de este modo en tres grados centígrados.

Los especialistas en clima han presentado pruebas de que el proceso de calentamiento se está acelerando. El hielo derretido del Ártico genera en el océano superficies cada vez mayores que absorben los rayos del sol en lugar de reflejarlos. Ahora que la enorme tundra de Siberia occidental está empezando a descongelarse, comenzará a liberar a la atmósfera sus 70.000 toneladas de metano, un gas que potencia el efecto invernadero. Estos cambios aceleran el calentamiento global y las catástrofes meteorológicas asociadas con él, como la sequía de continentes enteros, fuertes tormentas y grandes inundaciones.

Si la temperatura aumenta por encima de los dos grados centígrados, se podrían desencadenar unas reacciones en cadena imposibles de controlar, lo cual, muy probablemente, haría de la Tierra un lugar inhabitable para los seres humanos a fines de este siglo y, en todo caso, provocaría más sequías, más fuegos y más inundaciones de lo que podrían soportar las vidas de millones de personas. La AIE informa de que ese aumento de la temperatura por encima de los dos grados podría ser imparable a menos que las emisiones se estabilicen y empiecen a reducirse a partir de 2012.


Nos queda muy poco tiempo para dar la vuelta a una importante tendencia mundial, y pasar del aumento a la reducción de las emisiones en todo el mundo. La cuestión no es lo que se puede hacer después de 2012, sino cómo empezar ahora a frenar la concentración de los gases de efecto invernadero en la atmósfera.

Sólo unas medidas gubernamentales drásticas y urgentes pueden evitar una catástrofe planetaria. Entre ellas, se deberían contar:

  • desicentivos fiscales sobre el uso de combustibles fósiles en automóviles, aviones y barcos; reducción de todo transporte de larga distancia innecesario; fin de la expansión de aeropuertos y autopistas en los países desarrollados; fomento del consumo de alimentos de producción local; prohibición, respaldada por la Organización Mundial del Comercio, de la destrucción de las selvas tropicales;
  • una iniciativa concertada y debidamente financiada para desarrollar y mejorar la producción y la aplicación de fuentes de energía sostenibles;
  • un programa integral para transferir tecnologías sostenibles en el ámbito de la energía a países de reciente industrialización como China e India;
  • tratados comerciales internacionales vinculantes que restrinjan y dificulten la importación de bienes cuya producción o transporte no se realicen en condiciones respetuosas con el medio ambiente;
  • políticas que favorezcan a gran escala el transporte público y de elevada eficiencia energética para que se convierta en una alternativa viable al uso privado de automóviles.

Estas medidas no casan fácilmente con nuestra tradicional carrera hacia el constante crecimiento económico e industrial, y la expansión del comercio mundial. Sin embargo, no por ello son menos imperiosas. Así, mientras promueven la divulgación de la agricultura sostenible, gobiernos y dirigentes empresariales deberán replantearse las actuales formas de crecimiento industrial a la luz de la presente situación de emergencia. Es el crecimiento industrial en sí mismo el que amenaza nuestro planeta y, con él, las vidas de los seres humanos y nuestra posteridad.

Como ciudadanos responsables de un mundo pequeño y vulnerable, debemos convencer a nuestros gobiernos y dirigentes empresariales de que estamos dispuestos a realizar sacrificios materiales por el bien común y el futuro de la humanidad.

Gobiernos e industrias temen que las costosas reducciones de las emisiones perjudiquen la prosperidad económica y que ello les haga perder popularidad entre la población.

Dan por sentado que a los consumidores sólo les importan las comodidades de que disfrutan a corto plazo.

Nos subestiman.

Apoyamos todas las acciones necesarias a escala mundial. Ahora y ya.

[Firmar la petición]